La creatividad en tiempos del coronavirus

La creatividad es algo apasionante. Y algo sobre lo que me gustaría hacer dos reflexiones. En primer lugar, es una capacidad del cerebro que todos tenemos, más allá del aura soberbia del “soy creativo” que en ocasiones corre por las venas de un publicista, si bien es verdad que no todos tenemos el mismo talento o proporción, ni todos la trabajamos en la misma medida.

En segundo lugar, no es necesariamente una idea superartística que encandila; es una capacidad que permite dar respuesta a un problema combinando elementos ya existentes, de manera que nos ayuden a dar una solución eficaz. Cuanto más eficiente, más creativa es la idea. De esto a veces nos olvidamos en un contexto donde solo importa lo que brilla y donde solo ganar premios es la obsesión de muchos. Y donde llamar la atención (en general, ya no solo en el mundo de la publicidad) parece un imperativo.

Si hay algo que corrobora estas dos características es la actual crisis del coronavirus, que ha demostrado cómo ante situaciones muy complicadas el ser humano tiene la capacidad de agudizar el ingenio.

Desde mi punto de vista, reconvertir una industria es uno de los máximos ejemplos de creatividad. Y eso hemos estado viendo estos días.

En el telediario de Telecinco mostraban varias empresas y fábricas que cambiaron su producción habitual para hacer frente al virus. Un reportaje de Blanca Agost, Manuel Torres y Xisco Umbert enseñaba que en Almería con los plásticos de los invernaderos se están fabricando trajes para los sanitarios. Otro sector que se suma a la elaboración de prendas para los profesionales es el de moda de novias. Firmas como Higar Novias y Pronovias, como enseñaba otro reportaje (esta vez de Eva Borao, Laura García, Tatiana Domínguez y Umbert), utilizan su material para producir prendas para profesionales de la salud. El sector textil más castizo también se ha puesto al servicio de la sociedad en estos momentos: empresas sevillanas enfocadas en la feria de abril han reconvertido sus procesos para elaborar mascarillas. Diseñadores como Lola Reyes han abandonado los vestidos de flamenca por productos de protección.

Los reportajes también mostraban otro tipo de mascarillas, más rígidas, como las de la empresa de Manuel Granero: antes se dedicaban a la decoración pero se han reinventado para intentar llegar a las 20.000 unidades. El empresario contaba que estas mascarillas se desmontan para su higienización con alcohol o con lejía diluida en agua. Un tipo de mascarilla similar es la que fabrican con impresoras 3D los bomberos de Jaén.

Quizás también os haya llegado por whatsapp cómo están convirtiendo gafas de buceo en elementos para ayudar a pacientes añadiendo una pieza impresa en 3D para unirlo a un sistema de oxígeno. En algunos casos se están probando en pacientes leves. En otros, se están utilizando para al menos proteger a los sanitarios.

También las monjas han dejado las yemas y demás pastelería por mascarillas frente al coronavirus.

Arquitectónicamente el ejemplo de creatividad para sobrevivir viene dado por las salas de Ifema, en Madrid, reconvertidos en hospital de campaña. Se me hace tan raro ver imágenes de esos pabellones a los que iba para ferias de marketing, sobre todo, y de arte convertidos en sitios donde se lucha por la vida… Pero lo bueno es eso, que se lucha por la vida, y que hoy esas paredes tienen una labor mucho más importante y urgente. Pese a todo, sigue siendo un sitio donde la creatividad está presente, la creatividad de buscar soluciones, de reconstruir; esta vez con un fin mayor.

Es evidente también que esta crisis sanitaria ha cambiado y va a cambiar la forma en la que nos relacionamos, también en lo más funcional. Contamos con nuevos obstáculos (no nos podemos mover ni tampoco acercar unos a otros), formas colaborativas inteligentes podrían salvarnos de un apuro: “te hago la lista o te compro algo que necesites online a cambio de que me lo dejes en el portal, tú que tienes coche”. Porque sí, ya es imposible (al menos lo ha sido para mí) comprar en supermercado online y solo estaba disponible la opción “click & collect”, para recoger el pedido ya hecho en tienda.

No querría dejarme una mención a un tipo de creatividad diferente que está haciendo sobrevivir en casa a muchos; la de cómicos como Delia Santana, Omayra Cazorla y Brioche. Por supuesto la de otras formas de arte como libros también, pero, seamos realistas, se llevan un pelín menos. Todo esto nos hace estos días más llevaderos. Un abrazo a la gente que nos hace sonreír un poco.

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