El lenguaje es matemático

El lenguaje es matemático. Es un lugar espectacular en el que convención y precisión se unen.

El lenguaje escrito (y, aunque en menos ocasiones, el hablado) es matemático porque tiene un código, como ocurre en el lenguaje informático. La única diferencia es que los estropicios en el lenguaje HTML se observan al momento (se desconfigura un objeto o una página). Con el lenguaje escrito no tenemos la misma suerte y por lo general la incultura o la falta de detalle no pasan factura de manera tan inmediata.

Una de las reglas básicas es que todo lo que se abre debe ser cerrado, al igual que se hace con los signos “menor que” () para comenzar una frase u orden en html y añadiendo la barra oblicua (/) para cerrar. ¿Cuál es la aplicación de esto a nuestro lenguaje habitual? La aplicación, sobre todo, tiene lugar al hacer aclaraciones o frases subordinadas largas y olvidar la ruta que veníamos siguiendo: al abrir una aclaración con coma hay que volver a cerrarla con otra coma y seguir con la concordancia del sujeto que tuviésemos antes de la aclaración. Si no se tiene buena memoria o no se quiere releer lo escrito conviene hacer frases cortas y nos quitamos de líos.

También existe otro error que se encuentra en el extremo opuesto y que me gustaría llamar “el error gramatical de la gente decente”. Suele darse en gente con formación y a la que le gusta el detalle pero todavía sin los conocimientos suficientes como para dejar de perpetuar errores cometidos en otros sitios, por muy generalizados que estén. Hablamos de las comas que interrumpen una frase. Hacen un cortocircuito. Este tipo de fallo se comete al no leer la frase en su conjunto, sino ir pensándola a medida que se redacta y solo cuando se redacta; de otra forma nos preguntaríamos “¿cuál es la función de esta coma aquí?”. Porque si lo que quieres decir es algo importante y no una simple aclaración esa coma sobra, my friend.

En línea con estos dos tipos de cortocircuito podemos encontrar un tercero: romper la conjugación en las oraciones de estilo indirecto. Sería algo así como hacer ‘él/ella -yo- él/ella- yo”. Saltitos o, podríamos llamarlo, “el error de gramatical de personalidad múltiple” y podría reflejarse en oraciones del tipo (lamentablemente, se puede ver mucho en notas de prensa)

*Según declaraciones del CEO de la compañía, “estamos muy contentos con estos resultados porque nos acercan al objetivo planeado”.

Veníamos hablando en tercera persona y nos pasamos a la primera persona del plural. Para simplificar, olvidémonos de que esas comillas están ahí, porque estas no vienen a romper el orden si lo que buscamos es un estilo indirecto.

 

A falta de una, tenemos como mínimo dos opciones:

-Xxxx, CEO de la compañía, afirmó: “Estamos muy contentos porque los resultados nos acercan al objetivo planeado”. Chimpún.

-O, en bastantes ocasiones mi preferida: Según declaraciones del CEO, los de la compañía están “muy contentos con estos resultados porque” les “acercan al objetivo planeado”. Por ejemplo.

 

No hace falta saber todas las leyes habidas y por haber, ni nombres oficiales de la gramática; solo pensar en un sistema, donde cada unidad debe estar bien engranada en el conjunto y sin cabo suelto. Y leer en su conjunto, ante la duda.

Por otro lado, el lenguaje escrito es matemático porque no hay dos palabras iguales: cada una tiene un matiz y una intención. En una determinada situación una palabra siempre será más adecuada que otra: puede haber dos que sean buenas pero solo una será la mejor. Esto se debe tener especialmente en cuenta en gabinetes de prensa o departamentos de Comunicación. Y, según mi experiencia, este asunto se lleva mejor que el anterior. Probablemente porque el miedo abunde, pero eso ya mejor lo dejamos para otro día.

Aquí lo de “depende del punto de vista”, “una idea no es mejor que otra” o “las dos opciones están bien” no vale. Porque siempre una palabra será mejor que otra para nuestra finalidad. Hay dos buenas, pero solo una mejor. Y más en un idioma con tantos matices como lo es el español.

El lenguaje es matemático ya desde el momento en el que tiene una función. Si nuestro cerebro funciona correctamente decimos algo para obtener una respuesta. Consciente o inconscientemente calculamos y proyectamos en nuestra mente una situación intentando conseguir algo de la otra parte. De modo que nos conviene hacerlo bien.

Siempre hay un margen de error porque no estamos únicamente ante lo que queremos decir, sino también ante lo que la otra persona, a través de sus circunstancias y forma de ser, pueda interpretar. Pero intentamos reducir riesgos, o al menos deberíamos. Poco a poco, aprendiendo, en mi caso. Hay reglas que nos hacen esto más fácil: las escritas y las no escritas. Ya que en las no escritas siempre tenemos qué aprender ahorrémonos trabajo conociendo bien las escritas.

Como ocurre con otros ámbitos de la realidad, la buena aplicación del lenguaje depende del dominio y del talento. Ese es el punto de partida. Una vez esto se consigue ya se pueden tomar licencias creativas y en un acto de rebeldía prescindir uno de las reglas, como lo han hecho autores con caligramas, escritura automática, el dadaísmo y el surrealismo en general. Para transgredir hay que conocer lo que se transgrede. Pero cuando no se hace a conciencia no se llama creatividad; se llama desconocimiento.

https://www.linkedin.com/in/nahir-vallejos-amil-7a906834/

 

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