4 errores que cometer en un máster de Marketing (o de cualquier cosa)

Buongiorno, o buonasera, porque para cuando suba esto no sé exactamente qué hora será. Lo único que sé es que puede levantar alguna ampollita, aunque no es la intención. La única intención es plasmar cosas que he aprendido estando desde el otro lado (o eso espero) por sufrirlas o por ver que otros las sufrían y que tampoco ayudan a quienes las realizan. Y todo esto así, “de gratis”.

He considerado apropiado plasmar cuatro errores vistos en el contexto del Máster en Dirección de Comunicación y Gestión Publicitaria, ya sea en trabajos de grupo o no, porque van más allá de moralina, pese a que tienen un claro componente ético y de educación: en mi humilde pero no escondida opinión son un impedimento para progresar profesionalmente, y de verdad verdadera, sin consejos del tipo “sé buena persona”. Porque actuar de manera inmoral e inteligente vale, pero actuar de manera inmoral y encima sin sentido merece premio. Lo siguiente no solo ocurre en el máster, también en otros ámbitos, pero sí todos los puntos se han dado en él.

1-No escuchar a los demás. Vale que un 97% de las aportaciones en clase no nos digan nada, pero ¿y si tenemos la suerte de encontramos ante el 3% restante y la desaprovechamos por necios? Con escuchar no perdemos nada. Incluso aunque no quieras dar tu brazo a torcer, cosa que también puede servirte, guárdalo. Además, es curiosa la correlación entre la cantidad de personas ignoradas por la gente y el número de personas que luego compran libros con ideas de alguien, que pagan para ver a alguien, que pagan para que alguien hable. Ya se sabe, “nadie es profeta en su tierra”. Y, profetas o no, todos podemos tener un momento de lucidez.

2-No considerar a los demás. Una de las tres patas de un máster son los contactos (las otras dos son la titulación y la formación, por supuesto). O eso creía. La gente no está por la labor muchas veces y considero que no sabe sacar partido al conocer a las personas, tanto en el aspecto de amistad como de negocio. Se encierra en sí misma y se decanta por el poco tacto. No se colabora. No se valora a los personas ni en lo profesional ni en sus habilidades e idiosincrasias.

Una vez que estaba hablando de esto, precisamente, una persona (muy maja, de verdad) me dijo “ya, si yo pensaba hacer eso, pero para los que somos… Ninguno tenemos un gran puesto”. Y ahí me di cuenta de que el problema es que no se sabía mirar. En un máster en el que tienes directores de asociaciones, profesionales senior de agencias y periodistas o ex periodistas pero con contactos, por ejemplo, no puedes decir eso. O sí puedes. Feel free. It´s up to you.

Una variación de este astigmatismo es el pensar que los contactos se hacen al final, cuando el otro ya está en la cumbre (lo he visto en el máster pero más explícitamente en otros ámbitos). Esto, además de ser una falta de principios, ya que se puede intentar conciliar la honestidad y los legítimos deseos personales, es un error funcional. ¿Cómo creéis que actúan quienes están en la cima, que en muchos casos son aquellos que fueron rechazados o incomprendidos en otro tiempo? ¿Tienen tiempo? ¿Se sienten agobiados? ¿Tienen algún vínculo contigo? Yo digo lo opuesto; los contactos se hacen desde abajo y desde el principio: tratando a la persona como merece desde el minuto cero y no peloteando después. Eso no se olvida 😉

3-El mejor detalle es llegar a tiempo. En un mundo lleno de perfeccionistas olvidamos que llegar a tiempo es la base. No hay perfección sin noción del tiempo. Esto es algo que me cansaba de pensar conmigo misma, y ahora lo expongo con letras (mis confidentes, mis amigas, las únicas que me hacen caso): no sirve de nada corregir en un trabajo en grupo mil cositas de fase de “niquelado” si aún te quedan mil puntos por delante y ves que el tiempo apremia.

No vale la excusa “yo es que soy perfeccionista y quiero que salga todo bien”. Ya, ya. Yo también. Por eso mismo no me olvido de un pequeño detalle: el tiempo. Se niquela al final y no nos perdemos por el camino. Qué a gusto me he quedado, oye. Ya decía que el blog iba a ser mi catarsis. No me imaginaba hasta qué punto.

4-Parálisis por análisis. El nombre ya lo dice: no avanzar en los proyectos de tanto pensar y dudar, cosa que está bien pero que no puede ser un freno, porque nos pagan por tomar decisiones, algún día deben llegar. He visto cómo, en grupos distintos, perdíamos juegos marketinianos preparados en clase por no arriesgarnos a probar, por no lanzarnos. Nos faltó valentía.

Otros, simplemente por intentar, decidir y mirar para delante a partir de ese momento, ganaron el premio. En un caso un punto extra en la nota, en otro casos simplemente la honra, que no vale mucho pero ahí afuera podría haber costado millones. Una digievolución de la parálisis por análisis es el cambiar las cosas mil veces. Una cosa es querer mejorar y otra inseguridad.

Por supuesto, en el máster, como en otros ámbitos, hay cosas geniales; sin ir más lejos el sábado pasado que he compartido con unos compañeros fuera de clase. Una cosa no quita la otra, ni tampoco quita las cosas buenas y sus virtudes. Pero podemos sacar más partido si vemos las áreas de mejora. De manera directa. Sin pensar en las consecuencias. Sin parálisis. De nada.

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